Cuando nuestros deseos no se cumplen, cuando las cosas no van de la forma que esperamos, sentimos crecer dentro de nosotros una sensación de impotencia, vacío, molestia, enojo o ansiedad. Eso es la frustración. Es una respuesta emocional que llega cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas.

La frustración, como todo todo en la vida, tiene los dos lados de la misma moneda. Por un lado, cuando no sabemos gestionarla nos lleva a desanimarnos demasiado y hacer que dejemos de perseguir nuestros objetivos. Pero por el otro lado tiene una ventaja. Si le ponemos atención nos damos cuenta de que nos trae un mensaje sobre lo que nos está pasando. Por eso, si aprendemos a descifrar el mensaje podemos gestionar este estado de ánimo de una manera efectiva y útil para nuestro bienestar emocional.

Descifrar el mensaje

¿Y cuál es el mensaje? La frustración nos está informando de que nuestras expectativas no han sido cumplidas y de que no hemos actuado de la manera que nos hubiera gustado. Es decir: nuestro YO REAL ha chocado con el YO IDEAL.

A menudo corremos detrás de una imagen de nosotros mismos, el yo ideal, que no encaja con la realidad, el yo real.  Las expectativas demasiado altas acerca de nosotros o simplemente el no ver los resultados que tenemos cuando queremos, son trampas que a menudo nos desaniman y hacen que nos desviemos del camino hacia nuestra mejor versión, hacia nuestras metas y sueños. Cuanto más grande es el desnivel entre los dos “YO”, mayor es el sentimiento de frustración, insatisfacción o culpa que sentimos.

¿Cómo lo arreglo?

Para alcanzar el equilibrio entre lo que espero de mí y la realidad, podemos bajar nuestro yo ideal o subir el yo real. O las dos cosas.

Subiendo el “yo real” nos estimulamos a mejorar y a sacar lo mejor de nosotros con el objetivo de ser mejores personas. Bajando el “yo ideal” nos entrenamos en ser flexibles y más tolerantes con nosotros mismos, en darnos cuenta de que todo es aprendizaje y que nos sirve para avanzar.

Toma las riendas y actúa

El primer paso para poder cambiar algo es tomar conciencia de ello. Así que aprende a escuchar los mensajes que te traen las emociones que sientes, tanto las agradables como las que no lo son tanto, por ejemplo la frustración. Después pasa a la acción para poder gestionar esta frustración y evitar que se haga crónica. Te dejo seis sencillos pasos que puedes seguir para conseguirlo.

  • COMPRENDE lo que está pasando. Mira en profundidad para ver la intención positiva escondida detrás de lo que hiciste. ¿Cuál es el sentimiento que te ha empujado a actuar de esta manera? ¿Inseguridad, ansiedad, estrés?
  • ACEPTA lo que ha pasado. Eso no significa resignarse, sino asumir lo que ha pasado aunque no nos guste. Si acepto lo que no me ha gustado puedo aprender de ello y entonces cambiar de actitud para enfrentarme a la situación de manera diferente. Por ejemplo: si otra vez he exagerado con la comida puedo seguir reprochándome hasta el infinito, resignándome, o puedo analizar la situación, entenderla y aceptarla, para que no se repita más veces.
  • PERDÓNATE, porque todo lo que has hecho hasta ahora lo has hecho de la mejor forma que has podido y con los recursos que tenías. Deja de gastar energía  castigándote con tus reproches. Sé constructivo y comprensivo, porque tantas críticas solo te limitarán para alcanzar tu mejor versión.
  • COMPROMÉTETE contigo mismo para cambiar de actitud y actuar de una forma diferente. Siguiendo el ejemplo anterior: de la manera que te pueda apoyar a alcanzar y mantener tu peso ideal de forma natural, fácil y serena. Pregúntate: ¿qué es lo que puedo hacer la próxima vez para reaccionar de la forma que deseo?
  • Sé ASERTIVO, aprende a decir lo que sientes. Si quieres decir NO cuando crees que es oportuno, hazlo sin remordimientos. Recuerda que cuando dices que sí para complacer a los demás no te estás respetando.
  • Sé PROACTIVO. Eso significa estar preparado para evitar las situaciones “de riesgo” y, en el caso de que pasen, saber gestionarlas fácilmente.

federica1

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